1

VILLANUEVA, Diego de: Diferentes papeles críticos. Valencia, 1761, carta II, p.9. Recogida en: SAMBRICIO, Carlos: La arquitectura española de la Ilustración. Madrid: CSCAE e Instituto de Estudios de Administración Local, 1986.

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Sobre esta cuestión ya insistimos en el post “Arquitectura, sin plan”, publicado en este mismo blog meses atrás: http://blogfundacion.arquia.es/2018/04/arquitectura-sin-plan/

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Si este post “sirve” para algo que sea para invitaros a leer su brillante ensayo reciente: ORDINE, Nuccio: La utilidad de lo inútil. Manifiesto. Barcelona: Acantilado, 2013. (ISBN: 978-84-15689-92-8).

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VILLANUEVA, D. Op. cit. (ver nota 1).

El arquitecto como imitador de imágenes: de las estampas al instagram.

Pantallazo de la web de OMA (http://oma.eu/ ; acceso: 28/11/2018).

Escribía el arquitecto Diego de Villanueva en 1761 acerca de los dibujantes aspirantes a ser arquitectos:

“ … Los libros para esta gente son inútiles; lo uno, por no entenderlos por la ignorancia de los idiomas, y lo otro, porque muy pocas veces han oído hablar de ellos a sus maestros: y, as,í no hay otras guías que las estampas, de las que copian, los hallan a propósito sin crítica ni elección; por lo que no son buenos sino para delinear ideas ajenas.”1

 

Hoy, desterrados prácticamente los libros y revistas especializadas de la formación de los futuros arquitectos ―sí, no exagero, pregunten a los libreros y editores cómo van las ventas editoriales―, estamos rozando la paradoja de formar en competencias sin el esfuerzo del conocimiento adquirido a través de la lectura. Pero, no nos engañemos: esta “excelencia” es ficticia, pues solo responde a una serie de habilidades asentadas sobre escasos conceptos teóricos 2 , que tampoco han sido explicados con la suficiente profundidad en las aulas de los planes boloñeses.

Los referentes para los Proyectos en las ETSAs no son las ideas e imágenes de una monografía de un arquitecto de prestigio, sino solamente las pornográficas imágenes que la oficina de divulgación de una empresa de proyectos arquitectónicos se ocupa de divulgar en sus perfiles de Instagram o Pinterest, y poco más.

Google hace hoy la labor que antes hacíamos rebuscando entre las estanterías de la biblioteca, y solo nos muestra las imágenes más visitadas o “faveadas” del proyecto; antes, al menos, al ir hojeando el ejemplar uno se topaba con otros proyectos por el camino, tan interesantes o más que el que se pretendía localizar. Pero ahora ya no hay margen a tales distracciones “inútiles”, usado este término en el sentido de Nuccio Ordine.3 

Ni siquiera en las webs de los estudios se explica con cierta profundidad cada proyecto, sus condiciones de partida, su contexto, sus objetivos o soluciones… Caso de existir, una escueta columna de texto resume un vacío discurso en plan meramente descriptivo, sin pretensión alguna de construir un mínimo relato coherente, no sea que la lectura se alargue en exceso y el visitante se vaya a otra web, quedando así penalizado el pagerank según nos revela Google Analytics en sus tremendas estadísticas.

Como en el Barroco tardío, la imitatio o mímesis es casi la única garantía contemporánea de la belleza, sin producir apenas ningún discurso teórico que lo sustente más allá de la coyuntura particular de cada obra. Aún a pesar de la vacuidad, la siguiente obra operará con otras claves igualmente inocuas pero distintas, porque en nuestro mundo mercadotécnico impera la “ley de la novedad” como valor añadido y condición sine qua non para que se pueda seguir generando nuevos followers y likes cada día. Se renueva constantemente el repertorio de soluciones materiales y formales para sorprender y dar gusto a buscadores y redes sociales. Quizá por eso la mejor presentación de las obras de muchos estudios contemporáneos en sus webs sea en forma de mosaico, pues ya no hay conexión lógica entre ellas debido a sus mecanismos de producción y diseño y a sus objetivos de marketing. La continuidad lineal de todo proceso investigador o creativo queda así cercenado (si no voluntariamente “negado”) por sus autores.

Por eso, cada vez se ven más PFCs y propuestas de concursos donde se reproducen sin pudor fragmentos inconexos de otras obras ―a veces ni siquiera eso, pues son copias de renders ajenos―, realizados en una factoría anónima de oficinas de arquitectura que apenas son conocidos por los autores, pero con los que se identifican al imitarlos por ciertas insospechadas afinidades. Si OMA ha decidido alimentar su web con las imágenes de Instagram tomadas por sus fans será por algo…

Cierro este texto con otra cita de Diego Villanueva, con la que coincido plenamente pese a haber transcurrido casi doscientos cincuenta años desde entonces:

“ (…) y así no puedo sufrir a algunos pretendidos arquitectos cuando los veo ocupados en expresar en sus diseños una multitud de ornamentos que no tienen otro fin que seducir la vista de los que ignoran los principios en que se fundan los méritos de una obra”.4

Notas de página
1

VILLANUEVA, Diego de: Diferentes papeles críticos. Valencia, 1761, carta II, p.9. Recogida en: SAMBRICIO, Carlos: La arquitectura española de la Ilustración. Madrid: CSCAE e Instituto de Estudios de Administración Local, 1986.

2

Sobre esta cuestión ya insistimos en el post “Arquitectura, sin plan”, publicado en este mismo blog meses atrás: http://blogfundacion.arquia.es/2018/04/arquitectura-sin-plan/

3

Si este post “sirve” para algo que sea para invitaros a leer su brillante ensayo reciente: ORDINE, Nuccio: La utilidad de lo inútil. Manifiesto. Barcelona: Acantilado, 2013. (ISBN: 978-84-15689-92-8).

4

VILLANUEVA, D. Op. cit. (ver nota 1).

Autor:
Rodrigo Almonacid
(Teruel, 1974) Arquitecto por la ETSA.Valladolid (1999) y doctor en Arquitectura (2013). Fundador del estudio [r-arquitectura], oficina de proyectos arquitectónicos y editor del blog de [r-arquitectura] . Investigador permanente sobre Arquitectura Moderna y Contemporánea, profesor de la ETSA.Valladolid, y autor del libro Mies van der Rohe: el espacio de la ausencia.
  • Enrique Parra - 12 diciembre, 2018, 10:55

    Al hilo de tu artículo, no se si soy al único que le pasa que en las bibliografías de los trabajos que corrijo cada vez escasean más los libros y no son pocas las que son únicamente enlaces a webs, sin una mera explicación…
    Dicho esto, creo que el tema de las información en la web pasa también por un espíritu de pensar siempre en “cantidad mejor que calidad”, y no se ven las cosas con mucho criterio, más allá del gusto meramente estético.
    Sin duda las cosas han cambiado a la hora de tomar referencias, y como bien expones pesa mucho más la imagen que cualquier otra cosa

  • Ernesto Ibáñez - 13 diciembre, 2018, 9:40

    Muy novedoso ejercicio el de usar un medio para etiquetar a toda una generación (o varias). A todos nos han contado lo de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Resulta que después de verse muerto varias veces por culpa del libro electrónico, el ipad, wikipedia y google, al libro lo mata ahora, instagram.

    El trabajo de supervillano que hace google lo llevan haciendo las editoriales desde siempre. Los medios pueden convivir, y el hecho de que existan herramientas maravillosas que nos permitan estar conectados con otras escuelas, y otros estudios, de todas partes del mundo, no significa que hayamos dejado de ahorrar para comprar libros ni de entrar en las bibliotecas. Al que le gusta descubrir proyectos y profundizar en ellos, por puro placer, lo seguirá haciendo con todas las herramientas que tenga en su mano, y al que quiere copiar algo para salir del paso, igual. No creo que la línea entre el bien y el mal la hayamos descubierto este año en pinterest.

    El artículo está muy bien escrito pero creo que describe problemas generalizados de cualquier generación de arquitectos, por mucho que los anglicismos en cursiva intenten que los visualicemos sólo en la nuestra.

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