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A ver, yo no soy un experto en nada. Pero me encantaría ver premios a la mejor dirección de obra, o a la innovación, o al mejor cálculo de estructuras, a los mejores dibujos, planteo de instalaciones, mejor jefe de proyectos… cualquier cosa. De lo contrario toda esta gente (lo que viene a ser el grueso de la profesión) sencillamente pasa de todo y piensa que no va con ellos.

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Lo que nos lleva a una dimensión política de la profesión que se ha negligido gravemente y que es otro de nuestros más graves problemas. ¿Cuánto hace que un arquitecto no es Presidente del Gobierno? ¿Lo ha sido alguna vez? Ah, perdón, que sólo cuentan los óscares al mejor director.

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Otra vez la política. ¿Y si cambiamos lo de hablar de social por hablar de política?

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Una pequeña anécdota personal: hará unos años me invitaron de la ETSAB a dar una clase de proyectos. Querían invitar también a un director de cine, tentativa frustrada por sus expectativas económicas. Llevé a la sonidista de la película para que diera la clase conmigo. La riqueza de su discurso era tal que las caras iniciales de estupor se convirtieron en caras de admiración en menos de cinco minutos. Y es que hay gente implicada en el desarrollo de los proyectos con una capacidad de discurso y una visión en perspectiva sistemáticamente echada a perder por invitar sólo a directores.

Contra la arquitectura social

Las Médulas, en el Bierzo. Aunque pueda parecer un paisaje natural es producto de la mano del hombre al ser unas minas romanas. (fuente: National Geographic)

 

(Algunas reflexiones sobre cosas oídas y habladas en los debates de Arquia Próxima’18)

En España no quedan ecosistemas naturales. Casi todos los paisajes del país son en mayor o menor medida un artificio. De esto podemos deducir que toda España entera tiene el potencial de convertirse en una obra de arquitectura, este arte (que no ciencia) que propone y cuida el territorio. Físicamente. Es a esto a lo que me refiero cuando digo que la arquitectura va de construcción.

La Tierra ha alcanzado ya los 7500 millones de habitantes, y subiendo. Lo que podría describir esta población es el flujo. Flujo de migrantes. De refugiados. De trabajadores. De turistas. Flujo de información. Flujo de energía. Flujo de materiales. No solo somos la población más populosa jamás alcanzada. También somos la más compleja. Y carece de un entorno físico adecuado y cohesionado.

Somos muchos arquitectos. Lo que no debería de ser un excesivo problema teniendo en cuenta la complejidad que ha desarrollado la propia arquitectura, tanto en el desarrollo de los proyectos de construcción convencionales como ampliando el abanico de aquello que los arquitectos tienen que hacer (o, más importante, podrían hacer) para la gestión del territorio. La complejidad de los encargos, de todo aquello que nos ocupamos, su novedad, su financiación, ha desembocado en una preocupación por el estado de la profesión, tanto por su alcance (o dispersión) como por la dificultad de ejercerla dignamente.

Arquia Próxima es una plataforma de reflexión sobre estos temas centrada en el trabajo de los arquitectos españoles más jóvenes. Sobre esto:

Hay mucho talento. Buenos proyectos. Realizaciones meritorias que han expandido los límites de la profesión hasta un estado impensable hace pocos lustros que nos permite hablar de un avance real en el campo de actuación de la arquitectura. Sin peros ni ironías al respecto.

Contar todo esto en un día es imposible. Cuesta incluso asimilar un solo proyecto en un día. Ya no digamos veinticinco o treinta en una mañana, todos ellos con su complejidad y su profundidad de pensamiento. Viví el bombardeo de ideas soltadas sin control, casi a lo loco, como una falta de respeto. Más teniendo en cuenta que por mi propia profesión conocía algunas de esas realizaciones (eso sin tener en cuenta que tuve el honor de realizar una pequeña colaboración en la ganadora), proyectos que me ha costado un esfuerzo entender (a veces el trabajo de varios días) solo para ver como eran resumidos en dos o tres fotos que, por bien hechas que estén y atractivas que sean, no dicen nada sin una mirada profunda.

Tenemos un problema con la fórmula de exposición.

Los propios premios son otro problema. Comparémoslos un momento con los Oscar. Éstos son objeto de un interés universal. Pensar que es solo porque sean unos premios de cine es banal. La arquitectura tiene como mínimo el mismo potencial de ensueño. La ceremonia de los Óscar tiene ritmo, alegría, mitología. Es divertida. Y, lo más importante, los premios se reparten por categorías: Óscar a la mejor fotografía, al mejor actor, al mejor guion, al mejor vestuario, etcétera. Los Óscar son inclusivos. Los Óscar son la hostia de inclusivos. Toda la profesión se siente representada en ellos. Contra eso los premios de arquitectura, TODOS los premios de arquitectura, solo conocen una categoría.

Imaginad una ceremonia de los Óscar donde se entregan treinta Óscar al mejor director y tendréis unos premios de arquitectura.

Ya ni a la mejor película. Por descontado no al mejor actor. No a la mejor fotografía. No al mejor montaje o guión o vestuario o producción.

Solo al mejor director.

Todos los premios de arquitectura son más de lo mismo. 1

Resultado: la diversidad de la profesión ya se ha marchado de ellos. Comprobadlo: somos nosécuantosmiles de arquitectos en este país, pero en las ceremonias todos se conocen. La aportación de gente nueva es ínfima. Incluso con puertas abiertas y barra libre.

Algo falla. Y no, en los Óscar tampoco hay mesas redondas de óscares al mejor director para que se peleen entre ellos y tal. Y eso que serían bastante más divertidas gracias a la ingesta masiva de alcohol.

Por no hablar del debate social.

No he visto nunca un debate de charcuteros sociales. O de cardiólogos sociales. O de informáticos sociales. Más que nada porque es un debate falso. La arquitectura es social. Por definición. ¿La casa Ugalde también? Sí, también: sus valores culturales y patrimoniales así lo establecen. Incluso la propia ocupación del terreno que propone es social. Y si no nos gusta lo que propone esta manera de ser social siempre podemos trabajar para cambiarlo2. El ejemplo de la casa Ugalde no es gratuito. Nos habla del acceso tradicional de la sociedad a los arquitectos, acceso que no ha cambiado. Hay una clase económica y social que tiene más acceso a la arquitectura, y más cultura para dejarse proponer, que otra. Esto es una de las cosas que habría que cambiar 3 . Sin demagogias. Lo que nos lleva a la otra madre del cordero: la explicación. Qué eliges contar, dónde pones el acento de la explicación. Las realizaciones de este año son muchas y diversas en campo de actuación, presupuesto y manera de entender nuestro arte, yendo de la construcción pura y dura a la creación de páginas web. Todas están encima de la mesa en paralelo, sin jerarquías. Las jerarquías se deben no a las obras, sino a la explicación que se da de ellas. Y no me deja de sorprender lo sensible que es el público a estas explicaciones. Lo alejado que suele estar de las fuentes primarias (en este caso, la selección en bruto). O no hay tiempo o no hay ganas de crear un relato. Pero, en cambio, sí lo hay para protestar contra los relatos ya creados aun cuando éstos sólo tengan el valor que les quieras dar. Que puede ser ninguno si te molestas en seleccionar y pensar por ti mismo.

Jamás en mi vida he oído a un cardiólogo discutir con un cirujano de tórax sobre si un otorrino o un psiquiatra son o no médicos. Nos daría vergüenza ajena.

Escucho este tipo de debates entre arquitectos casi a diario 4 .

Una perspectiva inclusiva sobre lo que hacemos, una explicación coherente que realmente quiera atender a todos los aspectos de la profesión (insisto: no solo de sus directores de orquesta) incidiría en la cohesión de una profesión que me parece más a punto de romperse de lo que pueda parecer. ¿Cuánto falta si no para que aparezca un colegio de calculistas de estructuras o instalaciones ¿O de urbanistas?. ¿O de renderistas? Uy, perdón: este último ya está en vías de creación. Recuperar esta cohesión (y los Óscar al mejor director no ayudan), es cosa de todos.

Notas de página
1

A ver, yo no soy un experto en nada. Pero me encantaría ver premios a la mejor dirección de obra, o a la innovación, o al mejor cálculo de estructuras, a los mejores dibujos, planteo de instalaciones, mejor jefe de proyectos… cualquier cosa. De lo contrario toda esta gente (lo que viene a ser el grueso de la profesión) sencillamente pasa de todo y piensa que no va con ellos.

2

Lo que nos lleva a una dimensión política de la profesión que se ha negligido gravemente y que es otro de nuestros más graves problemas. ¿Cuánto hace que un arquitecto no es Presidente del Gobierno? ¿Lo ha sido alguna vez? Ah, perdón, que sólo cuentan los óscares al mejor director.

3

Otra vez la política. ¿Y si cambiamos lo de hablar de social por hablar de política?

4

Una pequeña anécdota personal: hará unos años me invitaron de la ETSAB a dar una clase de proyectos. Querían invitar también a un director de cine, tentativa frustrada por sus expectativas económicas. Llevé a la sonidista de la película para que diera la clase conmigo. La riqueza de su discurso era tal que las caras iniciales de estupor se convirtieron en caras de admiración en menos de cinco minutos. Y es que hay gente implicada en el desarrollo de los proyectos con una capacidad de discurso y una visión en perspectiva sistemáticamente echada a perder por invitar sólo a directores.

Autor:
Jaume Prat
(Barcelona, 1975) Arquitecto por la ETSAB, compagina la escritura en su blog 'Arquitectura, entre otras soluciones' con la práctica profesional en el estudio mmjarquitectes. Conferenciante y profesor ocasional, es también coeditor de la colección de eBooks de Scalae, donde también es autor de uno de los volúmenes de la colección.

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