Velotopía

 

Rutinas (2016). Cianotipia DINA-2 escaneada. Imagen de la autora del post.

Nos movemos en urbes fragmentadas por flujos a distintas velocidades cuya superficie ha sido organizada en detrimento de la calidad del espacio público.

Reminiscencias de un tiempo en el que la gente salía de paseo, ir en bicicleta era solo una opción para adinerados y viajar en tren un evento de marcado carácter social.

Ante los aparcamientos disuasorios y la congestión de las carreteras, respondemos en perpetuo movimiento impulsados por el sol – ya sea tras digerir unas tapas o recargar la batería.-  

Llega el día en el que se acaba el petróleo y ni nos percatamos.

El commuter no es un ser preocupado por el medio ambiente o un antisistema. Es dueño de su tiempo; curator de lo bello y eficiente. Decide ganar una hora al día.

No hay aparcamiento en  IKEA, pues el coche compartido  se auto-dirigirá hasta el siguiente  conductor. Ha encargado una bicicleta a medida, al igual que su traje . Envía postales con franqueo pagado desde un vagón del “Commuters Club” .

No tiene por qué ir enfundado en un disfraz de ciclista. Hay duchas en la oficina y en los vagones anexos a los que transportan bicis. H&M, Cycle Me Home, Levi’s o Vercace trabajan con patrones y materiales acordes al nuevo movimiento. Muchos salen de casa en ese pijama que da pena que nadie más vea.

Vagón del Commuters Club x Renfe  (2016). Cianotipia escaneada. Imagen de la autora del post.

 

Los que toman el tren: invierten el tiempo del trayecto en vestirse, ir a la peluquería, leer y tomar algo en espacios itinerantes cuyo interior cambia – para ser otro hall a la ciudad/vagón de tren – cuando éste empieza a ser monótono. Movimiento pendular destinado a la realidad virtual / afterwork. A velocidad crucero todo depende de la demanda.

El ayuntamiento de Madrid [al igual que Shanghái durante los Juegos Olímpicos] pone en marcha una campaña para disuadir el uso de pijama en público; indicador de que el habitante entiende la calle como prolongación de su casa.

The green wave + Commuters Club  (2016). Cianotipia DINA-2 escaneada. Imagen de la autora del post.

The Green Wave. Percepción favorable de las distancias para quien se desplaza a 20km/h, pues descubre la secuencia de semáforos verdes en las principales arterias de la metrópoli en hora punta.

Espacios colchón. Se trazan x carril/es en cada sentido sobre las vías rápidas existentes; pasan a ser ciclopistas. Aparecen “bandas sonoras” cuyo metro y medio de espesor sirve de aislamiento entre distintas velocidades.

Cruzan los peatones. Tras ellos, los primeros en reanudar la marcha serán los vehículos sin motor. La operación repercute en las aceras generando una atmósfera propicia de intercambios. Los pasos de peatones no son puentes.

Interferencias. La empatía entre individuos que no dejan de ser nómadas en su ciudad eliminará los adelantamientos temerarios. Videocámaras imparciales en las intersecciones remiten parte a las autoridades si alguien lo requiere.

El problema de la ciudad genérica no fue el coche – la bicicleta o el revólver – , sino el animal de costumbres.

 

Velotopía ya no existe. La urbe es el espacio lúdico de los que crecieron educados a distintas velocidades y saben disfrutarlas todas.

Autor:
Laura Hercha
(Tenerife, 1991) Estudiante de arquitectura formada entre Las Palmas de Gran Canaria y Madrid. Colabora con estudios en el extranjero a la vez que cursa su último semestre en la ETSAM.
  • Marina - 4 septiembre, 2018, 16:05

    Este artículo reabre el debate urbanístico del crecimiento de las urbes contemporáneas. Mi pregunta es, ¿no deberíamos seguir luchando por el modelo de ciudad de proximidad y evitar los apaños modernos ante la cattastrófica ciudad de movilidad en la que los ciudadanos son transportados sobre o bajo tierra, con o sin bici/patines/mascota y vistiendo pijama o Versace, en lugar de moverse por si mismos?

    El modelo de ciudad descentralizada responde de manera natural al desplazamiento de sus usuarios gracias a recorridos pensados para ser transitados a pie a través del espacio público de la ciudad. Es más, cito las palabras de la autora “ir en bicicleta (era solo una opción para adinerados)”, en cuya hipótesis a la utopía, cambiariamos la frase por “hacernos llevar con la bicicleta (era solo una opción para adinerados)”. Personalmente prefiero la primera opción, aun así me pregunto también qué opinarán los ciclistas urbanos profesionales y aficionados, pero eso ya se lo dejo a ellos.

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