Guía de supervivencia en una escuela de arquitectura

 
Fotograma de la película “The Hurt Locker” (2009)

 

Sobrevivir como estudiante de arquitectura nunca fue una tarea fácil. Cualquier arquitecto si mira hacia atrás en sus años de formación, seguramente enfocaría qué cosas hacer y qué evitar de un modo distinto. Pero cada generación tiene la obligación de buscar sus propios modos porque cada una se enfrenta a problemas distintos.

Sin embargo, como docente veo a diario jóvenes arquitectos que sacan adelante sus estudios de modo brillante a pesar de no ser aparentemente los más dotados, y que comparten cosas en común.

Siempre me gustó hablar con todos y preguntarles cómo se organizan, qué les resulta más costoso o divertido, también qué música escuchan o qué viajes hacen… Y a pesar de las diferencias, a pesar de los cambios, no deja de sorprenderme cosas que se repiten: entre otras resulta imposible olvidar los momentos pasados entre amigos. Las noches de entrega y los viajes compartidos hacen algo más que provocar ojeras. Efectivamente, todo se mira diferente cuando pasa el tiempo, se olvida el insomnio y el esfuerzo, pero curiosamente se conservan las vivencias relacionadas con las personas. Creo que esto es importante.  Porque un factor clave para poder sobrevivir en una escuela de arquitectura es el hacer allí amigos. Muchos y buenos.

 

Para algunos esto puede resultar una paradoja. Todos hemos conocido personas en la carrera que han “tratado de evitar” formar su grupo de amistades entre compañeros de profesión. Alguno, con una increíble intuición, dice abiertamente, “¿para que voy a hacer amigos entre mis compañeros de carrera si ellos nunca me darán trabajo cuando acabe?”… Sin embargo, se equivocan. El grupo con el que uno se forma, los amigos, puede suponer un acicate durante los estudios. No solo se comparten apuntes o experiencias, se viaja más y se aprende más rápido en grupo. Se habla más del proyecto o la asignatura que se tiene entre manos que en solitario y eso acelera el aprendizaje… E increíblemente, cuando se acaban los estudios, esa red de relaciones es tremendamente útil para encontrar los primeros trabajos como arquitecto. Los arquitectos, sí dan trabajo a otros arquitectos. Tratamos de colaborar con quienes son de confianza. Y eso por no hablar del aprender a trabajar en equipo. El rendimiento de aquellos que hacen la carrera en grupo es increíblemente alto. Lo veo a diario.

 

Otra de las cosas más productivas está relacionada con la organización del tiempo y del trabajo. Aquellos que priorizan las asignaturas y organizan su tiempo no solo reducen el sufrimiento, sino que les va mejor. El descubrir qué asignaturas son más o menos importantes es un arte. Y no depende de lo que diga el plan de estudios. Las asignaturas más divertidas para cada uno pueden dar pistas sobre a qué puede orientarse el futuro profesional. Por eso, la importancia de cada asignatura no la mide en realidad ningún plan de estudios sino como esa formación arraiga en cada estudiante. Hay que superarlas todas, es evidente, pero conviene no perder de vista el panorama a un nivel más amplio y a futuro, más allá del agobio del simple superar cursos.

Así, conviene recordar que el tiempo es un recurso escaso, también  en la carrera de arquitectura, y dedicarlo todo al estudio no es nada recomendable. En primer lugar porque fuera del aula también se aprenden cosas importantes. Ver exposiciones, leer, el deporte, salir y tener vida fuera del aula; de hecho y paradójicamente, retroalimenta la propia carrera. Se suele decir que el que solo sabe de arquitectura no sabe de arquitectura en realidad. Creo que es verdad. En esto no ha cambiado nada.

Si hubiese ocasión habría que hablar de la importancia de las cafeterías en las escuelas de arquitectura, de los malos profesores y de las bibliotecas…

Pero por ahora solo cabe desear a todos un buen curso.

Autor:
Santiago De Molina
Arquitecto y docente; hace convivir la divulgación y enseñanza de la arquitectura, el trabajo en su oficina y el blog 'Múltiples estrategias de arquitectura'.

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