De Dostoievski a Neimar pasando por un Project Manager, historias de un verano en el cambio climático.

Refugio unipersonal inspirando a Le Corbusier y su Modulor. Fotomontaje del autor.

Son las Noches de Estío el título de unas hermosas canciones de H. Berlioz. Si bien las historias que narran son un poco tristes, como todo buen romántico, creo que son siempre muy recomendables. Porque las noches de estío, o de verano común, o las Noches Blancas que escribió Dostoievski –otra triste historia muy hermosamente escrita y recomendable-, esas noches con sus tardes y esas tardes con sus sobremesas… esas son siempre buen momento para emprender actividades nuevas, aprovechar el menguante tiempo de ocio que tenemos –qué fantasía aquella de aburrirnos tres meses en nuestra infancia- y descubrir aficiones que se guardan ocultas tras nuestras obligaciones diarias esperando un momento de relajación para salir a la superficie.

Entre otras cosas, en verano nos descubrimos grandes aficionados de muchos deportes. No, no solo fútbol, también ciclismo, tenis, waterpolo, polo a secas, yo qué sé…  deportes que incluso no sabíamos de su existencia tienen su espacio en los medios durante estas fechas, desplazando a los habituales lobos esteparios o a los pingüinos emperador del National Geographic fuera de las siestas televisivas. 

Gracias a las noches blancas en San Petersburgo y otras ciudades rusas en las que se ha celebrado el Mundial de fútbol, hemos podido ver cómo el tiempo de grandes estrellas al margen de su equipo, ha pasado.  No vale ya que haya un delantero mediático y goleador que sepa además interpretar Hamlet en el campo; sin un portero atento, van y te las cuelan todas; y sin un respaldo institucional no hay estrategia a medio plazo que aguante. Me temo que el tiempo de los profesionales artistas solitarios capaces de llevarse el partido por sí solos ha pasado. Por lo que se ve, para triunfar en un entorno altamente especializado e internacional, parece necesario tener un buen coordinador de proyecto, con buenos especialistas en cada línea del campo y fuera de él, cierta estabilidad emocional, ser hábil en el desafío del regate a corto pero a su vez saber entenderte con tus compañeros para pasarles la pelota en el momento adecuado… También hemos visto cómo quienes quieren jugadores de calidad en sus filas, los pagan y procuran contratar a los buenos, no a los baratos…  curiosamente, los equipos ganadores cuidan a sus plantillas, les dan continuidad en el juego y les remuneran… No debiera ser tan difícil.

Por llegar a ver, gracias a un repentino cambio en el clima, hemos visto la reinterpretación del refugio unipersonal que realizó el presidente del país anfitrión; no sé a ustedes pero, para lo poderosos que se muestran y los derroches que hacen gala, a mí me pareció un poco “agarrado” y poco caballero.

Yo quería hablarles de arquitectura, se lo prometo, pero las historias de verano son un poco así: hay historias hermosas y tristes que suceden solo en verano. Aparecen fuera de nuestra rutina; estén pues atentos y disfruten de ellas, que en el frío inverno las echarán de menos.

Nota en forma de Epílogo: Curiosamente también en las tardes de estío, hemos sabido que hay nuevo seleccionador del equipo de fútbol y un nuevo Director de Arquitectura en el Ministerio de Fomento; no sé porqué pero me da que la fama y la capacidad profesional de cada uno de ellos son inversamente proporcionales en estos casos. Les deseo la mejor de las suertes a ambos.

Autor:
Diego Carreño
Arquitecto desde el año 2000. Miembro de la Asociación de Arquitectos (aA), ha sido vocal de la Junta de Gobierno del COAM y asambleísta en el CSCAE.

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