¿Y si proyectásemos desde lo que sentimos?

Unknown Variability, 2017. Sean Cavanagh

 

Por fin, el término embodiment ha llegado a contadas aulas de arquitectura, pese a ser un término habitualmente utilizado en el ámbito de la psicología o de la Inteligencia Artificial. Para aquellos que no estéis familiarizados con este concepto, el embodiment es una característica particular que tiene la mente de transportar nuestra realidad corpórea a nuestro entorno. En otras palabras, el embodiment es aquello que nos hace sentir más allá de nuestro cuerpo, fruto de su intersección con nuestra mente y el mundo que nos rodea.

Ahora que conocemos esta genial habilidad del cuerpo humano, parece cuestionable seguir proyectando arquitectura como hicieran los grandes maestros.  . En cambio, el SXXI nos está demandando unas arquitecturas que van más allá de la relación forma-función, o de las proporciones aúreas de un espacio porque es bello al ojo humano.

 

Gracias a los avances en neurociencia por un lado y en tecnología por otro, tenemos un elenco de artistas y arquitectos trabajando en nuevas formas de proyectar espacios que, lejos de establecer conexiones del tipo “para sentirse feliz hay que pintar todo de rosa y tener un caudal de renovación de 9 l/s”, sus aportaciones nos llevan a comprender que hay un universo entero por descubrir. Que las relaciones entre el entorno y el ser humano están condicionadas por tantos factores como neuronas tenemos; así que, sería una aberración establecer un catálogo de conexiones entre lo que sentimos y lo que proyectamos (emoción nº 3 corresponde a forma geométrica B. Error.)

Claro que, esto no sucede si hablamos de percepción. Esta palabra proviene del latín perceptio. Contiene el prefijo per (por completo), el verbo capere (capturar) y el sufijo tio (acción y efecto). Por lo que podemos definir la percepción como la “acción y efecto de capturar por completo las cosas” siendo el sistema nervioso el encargado de hacer que así sea posible.

Gran parte de las investigaciones que están en desarrollo en la actualidad arquitectos como Isabella Pasqualini, Sean Ahlquist o Philippe Rahm, tienen como punto de partida los mecanismos de funcionamiento del sistema nervioso durante la percepción del entorno, y es desde estos mecanismos que los investigadores realizan prototipos arquitectónicos como son el de Pasqualini, los de Ahlquist o el de Rahm). Estos proyectos entienden que los seres humanos, al formar parte de un sistema construido, lo modificamos y nos sentimos influidos por su configuración espacial, por sus materiales, por sus características tangibles e intangibles.

 

Ahora bien, en un lenguaje de “andar por casa”, que se sale de los términos propiamente ligados al argot académico, encontramos la neuroarquitectura como concepto emergente. Concepto que nada en un mar de tendencias que van y vienen, cuyos cimientos están ligeramente difuminados y cuyos límites no están definidos. Con peligro de convertirse en una pseudociencia, la neuroarquitectura es una disciplina que entiende el diseño tomando como punto de partida el Sistema Nervioso. La escala de proyección, en términos neuro-, tiene que pasar desde lo que percibimos (intangible) hasta lo que podemos producir físicamente (tangible), algo que suena muy atractivo pero que difícilmente puede llevarse a la praxis.

Llegados a este punto, resulta evidente que si queremos una arquitectura que priorice las resonancias corpóreas sobre la relación materiales-programa, sólo nos queda trabajar en conjunto con profesionales de la psicología y la neurociencia para logarlo.

¿Habéis elegido ya a vuestros compañeros de viaje?

¡Arrancamos!

Autor:
Ana Mombiedro
Arquitectura y Neurociencia. Arquitecta dedicada a la docencia, entusiasta de la innovación a través del espacio.

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