Lo que va de lo necesario a lo suficiente

Una casa-seta en los Foros. Foto montaje del autor.

 

Ser suficiente y necesario son las condiciones lógicas que se han de dar en  la resolución de problemas con ecuaciones matemáticas. Para mí, de adolescente, fue una revelación entender que no son únicamente aplicables en los problemas teóricos de física sino que en la práctica cotidiana de nuestras vidas, no sólo pueden serlo sino que al hacerlo, es más fácil tomar un punto de vista objetivo de las cosas.

 

En la distancia, uno sigue las noticas que le llegan de España con una perspectiva un tanto especial.  Por lo general, suele ser lo más llamativo que no lo necesariamente más importante lo que nos alcanza con más facilidad.   De pronto, la arquitectura tomó una importancia inusitada en la sociedad española. Un repentino relámpago sacudió las redes. No, no lo fue desgraciadamente por la reciente entrega de Premios de la Arquitectura y Urbanismo españoles que entregó  el CSCAE hace unas semanas, sino por la inversión inmobiliaria que realizaba un afamado político de cara a su futuro familiar.  Paradójicamente, nuestro afamado político lleva la penitencia en el pecado cometido. Casi –no sólo, lo sé, pero también- cosechó más crítica por adquirir en el lote un baño con forma de seta que por defender un modelo socio-económico concreto.

 

Que la arquitectura ha estado siempre emparejada a política y poder es casi más antiguo que el mundo mismo. Grandes monumentos así lo atestiguan  y todo régimen que se preciara ha intentado dejar marca  en la historia con estilos más o menos afortunados. Desde Apolodoro de Damasco, a Terragni o Menlikov, por mencionar a algunos de los buenos y de regímenes diferentes. La pena llega al observar la deriva del valor en sí que se le da la sociedad española hoy en día a la arquitectura. Ejemplos de los buenos no faltan: San Juan de Reyes de Juan Guas, el palacio de Carlos I de Machuca en La Alhambra, el mismísimo Monasterio de San Lorenzo de El Escorial por Juan de Herrera, o los trabajos de Sabatini, Juan de Villanueva… la corona española solía estar en la vanguardia de las artes; si les preguntara quién es el arquitecto de la residencia de nuestro Jefe del Estado actual, muy pocos me lo podrán mencionar o qué destacaría desde el punto de vista de arquitectónico de la misma, y eso que se edificó hace muy poco…

 

No, no es la causa de nuestros problemas como sociedad. Me limito a señalarlo como una consecuencia, casi a modo de una décima en la fiebre propia de una enfermedad convulsa: desde hace años la falta de estética está acompañando a la   falta de ética. De no ver las cosas que suceden en la política española, uno no creería los comportamientos un tanto chuscos que se pueden contemplar en casi todo el espectro ideológico. Si quienes deben liderar la sociedad no son capaces siquiera de cuidar las formas ni se ocupan de profundizar en conocimiento, manteniendo elecciones superfluas, ¿qué esperarán que hagamos el resto?

 

En la entrega de Premios de Arquitectura y Urbanismo se incidía en señalar la calidad de la arquitectura española como un bien intrínseco, un patrimonio que afecta a todos en positivo o en negativo. Seguro que coincidimos la mayoría. Pero es necesario que la sociedad en su conjunto y singularmente quienes la lideran, lo aprecien. No será suficiente, pero es condición necesaria que como sociedad demos valor a lo bien hecho, a lo profundamente pensado y elaborado con mimo. Se suele decir que bueno es lo que bien parece. No necesariamente pero, con suerte, quienes así actúen  probablemente harán lo mismo en el cumplimiento de las leyes, en el respeto a la convivencia o en el fomento del bien común.

 

Un apunte en forma de epílogo: El presidente del CSCAE subrayó la importancia de la obra pública como impulsora de la calidad en época de crisis. No podemos olvidar que las condiciones que impone la administración desde una posición de fuerza no han sido las mejores ni las adecuadas para construir un modelo profesional sostenible. Probablemente la loa y el agradecimiento sean necesarios, pero nos tememos que no sean suficientes.

Autor:
Diego Carreño
Arquitecto desde el año 2000. Miembro de la Asociación de Arquitectos (aA), ha sido vocal de la Junta de Gobierno del COAM y asambleísta en el CSCAE.

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