1

Howard, H. 2016. Architecture's Odd Couple: Frank Lloyd Wright and Philip Johnson: Bloomsbury USA.

2

Scully, Vincent. 1963. "The dead of the street." The Yale Architecture Journal (8): 91-6.

3

Nuestros queridos villanos.

Two Faces, dibujado por John Romita Jr. para All-Star Batman #1 “My Own Worst Enemy” (2016), p. 22. Entintado de Danny Miki, color de Dean White. Fragmento. © DC Comics

 

Estamos habituados a rendir tributo a nuestros héroes, a esos arquitectos que han influido positivamente en nuestro modo de entender la arquitectura. Incluso historiográficamente definimos una categoría para referirnos críticamente a algunos de ellos, los ligados a una “arquitectura heroica” que sentó las bases de la modernidad. Pero, nuestra disciplina también está plagada de influyentes villanos a los que deberíamos brindar también merecidos honores.

No estoy refiriéndome a esos individuos que hacen que sintamos vergüenza, arquitectos que han pasado de identificarse con la máxima pureza geométrico-cromática a hacerlo por sus despreciables perversiones. O a esos lobos con piel de cordero que, cegados por el poder otorgado por un supuesto imperio germánico, olvidaron su juventud progresista para abrazar el horror. Ni tampoco a aquellos que piensan que una arquitectura puede ser admirable aun estando sustentada por la explotación económica y laboral. No, ellos no merecen ser considerados villanos sino, simplemente, encarnaciones de males que deberían ser erradicados de nuestra disciplina si queremos seguir sintiéndonos orgullosos de lo que esta representa.

Nuestros villanos son esos que cada uno de nosotros selecciona, con frecuencia inconscientemente, para atribuirles la condición de antihéroes arquitectónicos o, al menos, de nuestro modo de entender la arquitectura. Ocasionalmente son personas próximas pero anónimas, pero más habitualmente elegimos a quienes han adquirido ya la condición de supervillanos, más personajes que personas, y que, al igual que en los cómics, han llegado a ser más reconocibles por sus extravagancias que por sus realizaciones: el villano calvo (elijan ustedes cual) que niega desde su privilegiado pedestal la existencia de arquitectos estrella supervillanos; el aprendiz de Mr. Freeze que pretende hacer ciudades tal monumentales, frías y blancas como las montañas que rodean su residencia (fiscal); el avanzado discípulo de Riddler que asombra al mundo con su capacidad para desmontar, políticamente, muebles suecos de imposible nombre; el villano local que disimula su capa enrollándosela alrededor del cuello;…

Jack Hawksmoor aka. “The god of cities”. Ilustración de Fiona Staples para Wildstorm: A Celebration of 25 Years (2017). Fragmento. © DC Comics

 

Frente al indeseable malvado, los villanos son necesarios. Satisfacen una función esencial en la arquitectura, ser la némesis que permite la existencia del héroe. Muchos han sido los que han tratado de redefinir la arquitectura a partir de la identificación de su particular villano, desde Philip Johnson enfatizando su rivalidad con Frank Lloyd Wright 1, a Jane Jacobs luchando para que Robert Moses no transformase irreversiblemente Nueva York, pasando por Vincent Scully elevando a Walter Gropius a la categoría de enemigo público por el edificio Pan Am 2, o Robert Venturi enfrentándose al más poderoso grupo de supervillanos, el de los arquitectos del Movimiento Moderno.

Nuestros queridos villanos hacen también posible una suerte de catarsis colectiva y personal, aquella que nos libera de la frustración inherente a la inevitable confrontación entre lo que desearíamos ser y lo que verdaderamente somos. Son el distorsionado espejo que permite vernos no como simples arquitectos sino como héroes defensores de la arquitectura. Aunque nunca debemos olvidar, parafraseando a Two Faces, que si no morimos como verdaderos héroes, corremos el riesgo de vivir lo suficiente para vernos convertidos en villanos.

Notas de página
1

Howard, H. 2016. Architecture's Odd Couple: Frank Lloyd Wright and Philip Johnson: Bloomsbury USA.

2

Scully, Vincent. 1963. "The dead of the street." The Yale Architecture Journal (8): 91-6.

3
Autor:
Carlos Santamarina-Macho
(Gijón, 1981) Arquitecto (2005), máster en restauración arquitectónica y doctor en urbanística y ordenación del territorio por la Universidad de Valladolid. Compagina la práctica profesional vinculada a la planificación urbanística con la docencia en el área de proyectos arquitectónicos. Sus intereses giran en torno a la representación e interpretación cultural del territorio, los medios de comunicación y la disolución de los límites disciplinares.

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