Niños, arquitectos, escuelas y comunidades

Por Sabrina Gaudino Di Meo

Desde: Fundación Arquia Blog

Arquitectos y niños pueden construir una ciudad amable. Los procesos de participación infantil fomentan el derecho a expresarse y la arquitectura en los programas formativos conecta a los niños con lo urbano.

 

La ciudad es un compuesto de elementos físicos y abstractos, una realidad compleja que intentamos definir a través de sus dimensiones y estructuras. Pero, si preguntamos a un grupo de niños ¿qué es la ciudad? sus respuestas colocan la complejidad urbana en el punto justo de lo que es el espacio en el que se mueven cada día: el hogar, la escuela, la casa de los abuelos, la tienda de golosinas, la plaza donde se puede patinar, la ruta del autobús, la calle que no pueden cruzar solos, el parque más divertido… La ciudad en el imaginario infantil arroja tantas pistas sobre condición, valores, ideales y cualidades que se podría elaborar un manual de cómo hacer ciudades a escala humana.

 

En los últimos años y debido en parte a las crisis, el arquitecto ha desarrollado su faceta de servicio a la comunidad; el arquitecto tiene un papel social que es complementario a la planificación y proyección. Los procesos participativos, la creación de espacios para el intercambio, la innovación y el aprendizaje colectivo toman protagonismo en el desempeño de la profesión; el arquitecto está cada vez más presente en grupos de trabajo social, cultural y de mediación.

 

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