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Resiliencia y tifones

Las Islas Batanes (Filipinas) son conocidas como las más resilientes del Pacífico, un alejado y bellísimo archipiélago situado entre mares y frecuentado por tifones. Su población tiene tan interiorizada la recuperación como presentes los vientos y las lluvias.

La recuperación comienza inmediatamente tras la catástrofe, no esperan asistencia externa ni auxilio internacional. Su cultura se basa en la supervivencia: autonomía, austeridad y fortaleza, siempre desde el trabajo comunitario y la ayuda al otro. Para un Ivatan, no haber reconstruido su propia vivienda o no ayudar a sus vecinos a hacerlo tras el paso del tifón es motivo de vergüenza. Narran con orgullo como sus antepasados surcaron los mares salvajes en pequeños navíos y se resguardaron de las inclemencias del tiempo en casas fortísimas que aún hoy acogen a las nuevas generaciones. Mantienen una cultura que, desde la alimentación a las soluciones constructivas, resiste al temporal.

Mientras, en los países desarrollados ha surgido el término resiliencia, asociado al diseño y al desarrollo territorial y urbano. Cada vez son más las ciudades que por moda o temor preparan sus planes de resiliencia; ciudades ricas, seguras, tranquilas, cómodas… y, en consecuencia, frágiles y vulnerables a imagen y semejanza de quienes las habitan. Ciudadanos bien alimentados que nunca han prescindido de la ducha caliente ni han precisado construir con sus propias manos. Poblaciones dependientes de macro-sistemas que fácilmente se desequilibran y alarman ante la mínima disfunción o una simple interrupción de los suministros.

Actualmente, se realizan grandes inversiones para redactar estos planes que cuando llegue el momento de afrontar los males venideros y soportar sus consecuencias tienen el peligro de quedar en meros informes, en papel mojado, si las estrategias de respuesta que proponen para las urbes, se basan y soportan el sistema que habitamos, pero descuidan la escala de la persona, la capacitación individual.

Los planes de resiliencia serán capaces de garantizar sistemas de respuesta, de coordinar recursos, medios, infraestructuras, de formar instituciones, de coordinar organizaciones, de aportar paliativos y minimizar riesgos… pero la población es cada vez más frágil y sufrirá.

Es el precio del bienestar, de la educación basada en la felicidad, de la seguridad como medio anhelado de vida, de la reducción de esfuerzo, del lujo entendido como confort. La consecuencia de la supeditación del individuo a infraestructuras de las que no forma parte, generando una población subordinada a sistemas de defensa y protección ajenos, donde el sistema desarrolla estrategias basadas en la cooperación con el peligro de la incongruencia.

Vivir en tormenta constante ha enseñado a los Ivatanes a afrontar el temporal. Su cultura se ha construido resiliente y cada uno lo es individualmente, con plena consciencia de la necesidad de la ayuda del otro para serlo. Sin embargo, las grandes ciudades del mundo se construyen con la etiqueta de resiliencia sin que sus poblaciones lo sean.

Autor:
Verónica Sánchez Carrera
Verónica Sánchez Carrera, ha desarrollado su trabajo como profesional independiente en urbanismo y arquitectura desde 2004. En 2007 centró su actividad en Ayuda Humanitaria, donde ha trabajado con diferentes organizaciones tanto en desarrollo como en emergencia. Es máster en Proyecto Avanzado de Arquitectura y Ciudad, y se ha especializado en Agua, Saneamiento e Higiene en Cooperación Internacional y Emergencias y en Desarrollo de Asentamientos humanos en el Tercer Mundo. Durante estos años ha compaginado su actividad profesional con la docencia y la investigación. Actualmente imparte clases en máster y cursos de posgrado en diferentes universidades. Ha llevado a cabo diferentes investigaciones sobre asentamientos humanos y campos de refugiados, y escribe su tesis sobre Diseño y Construción de Centros de Ébola. Desde 2004 dirige el Taller CuatroESCALONES junto a Óscar Valero, especializado en el proceso de proyecto. En 2011 funda n´UNDO, junto a Alejandro del Castillo, lo que supone un posicionamiento en la manera de hacer arquitectura.

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