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Oda a los arquitectos de cerebros amarillos

Los arquitectos tenemos una característica escasa entre la población, y cuando algo no abunda suele resultar valioso. Nuestro cerebro amarillo puede aportar mucho valor a la sociedad. Busquemos la manera.

 

Hace unas semanas, en una dinámica con un grupo de unos 15 arquitectos, hicimos un test HBDI de Ned Herrmann que identifica el área de dominancia cerebral de una persona.

A grandes rasgos, este investigador proponía cuatro tipos de funcionamiento cerebral: azul (lógico), verde (organizador), rojo (interpersonal) o amarillo (innovador). Échale un ojo aquí. Obviamente, es una simplificación y nadie funciona de manera unívoca. Pero suele haber uno que predomina.

El resultado del test fue que casi todos estos arquitectos tenían cerebros predominantemente amarillos.

El amarillo es el cerebro visionario, creativo, holístico, conceptual, integrador… El que intuye e imagina. El que plantea respuestas que destruyen las preguntas. Su gran objetivo y recompensa es la innovación.

Y lo curioso del caso es que es el menos abundante en la sociedad: más o menos un 6% de las personas. ¿Por qué, entonces, un porcentaje tan anormalmente alto en un grupo de arquitectos? No es casualidad.

Parece que estamos muy influidos por nuestra formación, o tal vez acudimos en masa hacia esa formación precisamente por ser amarillos. Da igual. El caso es que los arquitectos tenemos esa cualidad escasa en la sociedad, y lo escaso suele ser valioso.

Vivimos tiempos complicados en los que las personas no entienden el valor que les aportamos. Nos pasamos la vida compitiendo del peor modo a base de bajar nuestros honorarios y convertirnos en commodities.

Pues bien, aquí tenemos algo que ofrecer a la sociedad: nuestro cerebro amarillo (entre otras cosas).

Pero ojo, esa creatividad nuestra no sólo sirve para hacer casas que no parezcan la del tercer cerdito. También es útil para imaginar, resolver problemas e integrar más allá del diseño arquitectónico.

El Arquitectus Vulgaris puede ser muy útil en cualquier equipo de trabajo, ya que es probable que aporte diversidad, y la diferencia proporciona equilibrio y fuerza. Tenemos precisamente lo que los robots no tienen (de momento), lo que en muchos ámbitos del mundo profesional se busca.

Nos hace falta explotarlo. Para ello, necesitamos ser conscientes de un par de cosas.

Primero, huyamos de la egolatría. Sé que no se puede generalizar, simplemente digo que intentemos ser más empáticos. A veces tenemos ego en el ego, sobre todo cuando ser egocéntrico mola y sube todavía más el ego (una especie de rasgo de dandismo arquitectónico, qué sé yo).

Tampoco hace falta disfrazarnos de nosotros mismos para parecerlo más, como diría Bergamín. Basta con mostrar nuestra naturaleza y ponerla al servicio de los demás. Conectar. Tenemos muy buenas cualidades, pero no son nada si no sirven para las necesidades de alguien.

Un famoso kōan zen pregunta: ¿Cuál es el sonido de una mano que aplaude? Ninguno, necesitamos aplaudir con otras personas para meter ruido. Acortar el gap entre arquitectura y sociedad.

Hay diversas maneras de hacerlo, y una que solemos despreciar es desde espacios no propios de la arquitectura.

Los arquitectos somos muy capaces de acometer diversos tipos de trabajos creativos que precisen innovación y estrategia. ¿Cuántos arquitectos dan valor a la sociedad desde actividades no arquitectónicas?

Utilicemos para ofrecer valor lo aprendido en nuestra dura formación, no sólo los conocimientos, sino también las habilidades y, por supuesto, nuestro cerebro amarillo.

Me queda un cabo suelto. Si tu cerebro no es de ese color, este mensaje también es para ti. Tu formación como arquitecto también te capacita para lo que he mencionado. ¿No crees?

Todo ese talento nuestro no puede estar amontonado en un vertedero. Como nos contaba Manuel Saga aquí, la carrera de arquitectura forja supervivientes. Vamos a demostrarlo.

 

 

Imagen de portada: Carson Arias en Unsplash (Fotógrafo)

Autor:
Joan Vergara
Arquitecto, coach y especialista en marketing. Cerebro muy amarillo. Wagneriano y fanático del rugby y el Taichí. Ayudando desde ARQcoaching a otros profesionales de la arquitectura a conseguir más y mejores encargos o un empleo y a gestionar su trabajo con efectividad.
  • Mariajesus - 14 junio, 2017, 16:33

    Da gusto leer un articulo asi. Mensaje de prosperidad y positivismo
    Gracias!

    • Joan Vergara - 14 junio, 2017, 22:36

      ¡Gracias, Chus!

      Sí, es uno de los principales propósitos del post. :)

      ¡Un saludo!

  • Manuel Saga - 15 junio, 2017, 13:07

    Buenísimo el test! Voy a usarlo con mis estudiantes de primer semestre de arquitectura, a ver si les cambia el color del cerebro o todos vienen ya amarillos de fábrica ;)

    Gracias por la referencia!

    • Joan Vergara - 15 junio, 2017, 13:38

      ¡Hola, Manuel!

      Sí, es divertido y además da resultados curiosos. :)

      Y tiene sus implicaciones, por ejemplo a la hora de comunicarse con personas con una predominancia concreta.

      Gracias por leerme y por comentar.

      ¡Un saludo!

  • Gustavo - 9 julio, 2017, 22:59

    Hola Joan , un gusto !, y que alegría es poder leer este articulo, desde la temática hasta su desarrollo sin desperdiciar nada en el camino de los pensamientos… es FRESCURA, CLARIDAD, PRESENCIA la que estas aportando para nuestros cerebros amarillos, y creo que el 4to. elemento vas por mas con mucho criterio, que es la expansión de CRECIMIENTO, como aportar desde nuestro intelecto una labor contributiva a la sociedad..!
    Muy interesante !!!
    En contacto
    Gustavo

    • Joan Vergara - 10 julio, 2017, 11:16

      Hola, Gustavo.

      Así es, contribuir a la sociedad desde nuestra capacidades. Si no lo hacemos, de poco o nada nos sirven.

      Muchas gracias por tu comentario. :)

      ¡Un saludo!

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