Miradas periféricas

Hasta hace no mucho ha sido posible visitar en Madrid la primera muestra conjunta del denominado grupo de los realistas madrileños, encabezado por Antonio López. La revisión de algunas de sus obras permite poner de nuevo el foco sobre una cuestión que ya en los tempranos años sesenta y setenta atrajo la atención de estos artistas, como es la de la percepción de la, en esos momentos creciente, periferia urbana. Y quizá también para evidenciar su contraste con las visiones, actualmente popularizadas y asimiladas a través de los medios de comunicación de masas, surgidas casi simultáneamente al otro lado del Atlántico.

Porque el tema de la periferia en transformación, de ese urban fringe, lleva décadas siendo un lugar común no solo en la reflexión urbana americana, sino también en sus expresiones artísticas, que, sin embargo, no encontrará cabida en el viejo continente hasta un momento tardío. La mirada a la periferia madrileña de este grupo artístico ofrece un ejemplo excepcional, y extemporáneo, de esa reflexión, valiosa desde una apreciación comparada.

Fijémonos en dos representaciones del urban fringe separadas por 8.000 kilómetros como “Madrid desde el cerro del Tío Pío” (1962-1963) de Antonio López y “South Denver, Colorado” (1974) de Robert Adams, Ambas muestran un espacio que está cambiando por el crecimiento urbano, pero cabría preguntarse si comunican lo mismo. El punto de observación y hacía dónde dirige la mirada cada una de ellas son expresivos de que el fenómeno no es visto de igual modo, no solo por una cuestión formal –ninguna muestras una realidad construida, sino los vacíos que van a dejar de serlo—, sino también por una diferencia en la apreciación, cultural, de esa transformación. Mientras la perspectiva europea sigue mirando a la ciudad existente, a su pasado, la americana contempla desde ella aquello que aún no lo es pero que tiene la oportunidad y la posibilidad de elegir cómo ser.

En cierto modo las imágenes transmiten una diferente concepción de la historia y de lo urbano, entre la apreciación paralizante del pasado y el permanente deseo de avanzar a través del cambio. La conservación nos está superando, decía recientemente Rem Koolhaas en otro contexto, pero quizá esta ya nos domina desde hace tiempo. Aunque el peligro no está en la conservación del valioso pasado, sino en que en el proceso corremos el riesgo de dejar de prestar atención a cómo estamos construyendo el futuro.

Nuestras periferias urbanas son, en cierta medida, consecuencia de una ceguera autocomplaciente, de un crecimiento formal y socialmente desatendido simultáneo a un posicionamiento conservativo y estático de muchos centros urbanos. El nuevo paradigma sustentado en la regeneración urbana que parece querer imponerse puede esconder, desde la oposición y bajo sus buenos presupuestos, un error similar, el provocado por nuestro temor cultural a mirar, de frente y complejos, a aquello que está destinado ser alterado. Y solo cuando superemos este miedo seremos plenamente conscientes, por fin, de las consecuencias que sobre la ciudad tienen nuestras propias y cotidianas acciones.

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Madrid desde el cerro del Tío Pío” (1962-1963) de Antonio López

SOLANA, Guillermo, Jürgen SCHILLING, et al. (2016). Realistas de Madrid. Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza.

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 “South Denver, Colorado” (1974) de Robert Adams

SALVESEN, Britt y Alison NORDSTRÖM (2009). New Topographics. Göttigen, Steidl.

Autor:
Carlos Santamarina-Macho
(Gijón, 1981) es arquitecto (2005), máster en restauración arquitectónica (2007) y doctor en urbanística y ordenación del territorio (2016) por la Universidad de Valladolid. Compagina la práctica profesional vinculada a la planificación urbanística con la docencia en el área de proyectos arquitectónicos. Sus intereses giran en torno a la representación e interpretación cultural del territorio, los medios de comunicación y la disolución de los límites disciplinares.

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